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domingo, marzo 22, 2015

Nico Babá y sus cuatrocientos ladrones - Gustavo Coronel

REFLEXIONES DOMINICALES



Aquí están los principales culpables, no lo olvidemos


Como se explica que un “asesor” reciba un pago de $50 millones de un cliente? Si el llamado asesor es un vice-ministro o un socio del ministro, el pago tendría una explicación . Porque el mejor asesor del mundo no puede garantizarle al cliente un contrato. Pero quien tiene autoridad para otorgar el contrato si puede garantizarlo. 

La "asesoría", en ese caso, hace que suceda lo deseado por ambas partes. El cliente recibe el contrato y el asesor sus $50 millones. Y si el contrato es de $800-1200 millones, dirá la empresa, que son $50 millones de “comisión?. Claro, esto no es asesoría sino corrupción y es lo que ha pasado y sigue pasando, en grado nunca visto antes, en la Venezuela de Chávez y Maduro. 

Lo estamos viendo en el caso de un tal Nervis Villalobos, ex-funcionario de Chávez y Rafael Ramírez, quien recibió tal “honorario” por su “asesoría”.

El concepto de dinero para esta gente que pertenece a la pandilla de los oligarcas “revolucionarios” no es igual al que tenemos el resto de los mortales, quienes hemos pasado toda una vida trabajando para ahorrar lo esencial para la vejez y no sabemos si ello será suficiente. Se meten $20 millones en el bolsillo con una firma, como lo hizo Tobías Nóbrega o $50 millones con una palabra al oído del ministro.

Esta gentuza que ha parido la revolución chavista puede dar propinas de cien mil euros al Concierge del Hotel Crillón de París, porque el dinero no se lo han ganado trabajando. 

Así lo reporta Nelson Bocaranda sobre un tal Diego Salazar, primo de Rafael Ramírez, ver RUNRUNES del 17 de marzo, 2015. Esa es una suma que un venezolano de la calle jamás verá, aunque pase toda su vida trabajando, un venezolano que probablemente lleva una foto del difunto Chávez en el bolsillo de su camisa, al lado del corazón, y lo recuerda con cariño, sin darse cuenta de que fue aquel Dr. Frankenstein quien creó estos monstruos.

La gentuza de la llamada revolución ha cometido un doble crimen. Por un lado, se han enriquecido de manera grosera a costa de los dineros nuestros. Pero, además, han prostituido a grandes porciones del pueblo venezolano, a quienes han convertido en limosneros, mediante las dádivas de comida gratis, pequeñas sumas de dinero, electrodomésticos o celulares y pañales hechos en China.

Que siente el venezolano honesto cuando ve este estado de cosas?

A quienes protestamos abiertamente contra la corrupción desatada, la gentuza que está robando nos llama “envidiosos”, porque piensan que si nosotros estuviéramos en su lugar estaríamos robando de la misma manera. 

En realidad, al pensar así cometen otro crimen, el de tratar de rebajarnos al nivel de la miseria moral y espiritual que los caracteriza. Lo que sentimos es indignación e impotencia. 

Quisiéramos ver a esta gentuza en la cárcel pero, en su lugar, quienes están en la cárcel o en el cementerio son quienes los combaten. Sentimos mucha frustración porque creemos que la justicia debe prevalecer pero ya muchos hemos perdido la paciencia y muchos otros están próximos a perderla.

Observamos que los venezolanos que aparecen señalados como lavadores de dinero por tener enormes depósitos de dinero en el Banco de Andorra son todos gente ordinaria, de mediano a bajo nivel burocrático en el régimen, uno que otro guardaespaldas o presidente de empresas de maletín. Solo uno, quizás dos, tenían un nivel de vice-ministro. Uno de ellos, el ex- viceministro de Energía y Petróleo, Nervis Gerardo Villalobos, recibió un pago por “asesoría” de $50 millones de la empresa Duro Felguera, según reporta la prensa. 

Los otros son: Javier Alvarado Ochoa, vinculado a Villalobos a través de Derwick Asociados; Carlos Luis Aguilera, del entorno del difunto sátrapa de quien fue guardaespaldas, quien tenía millones de euros depositados en Banco Madrid; Omar Jesús Farías; José Luis Zavala, amigo del anterior, con su empresa de maletín Green Trail International con casi tres millones de dólares en depósito; una empresa llamada IZOTE Energy Inc. que la conocen en su casa, cuyo presidente es Alcides Rondón, educado en la Academia Militar. 

IZOTE es una empresa pantalla del vice-ministro de seguridad ciudadana del ministerio del interior de Venezuela; Francisco J. Villarroel, de PDVSA, quien parece haber sido Gerente de Control de Pérdidas de esa empresa (imagínense ustedes que descaro).

El caso de Aguilera es inaudito. Este guardaespaldas del difunto Chávez recibió el 4,8% de comisión de manos de un consorcio español por facilitar un contrato de $1850 millones para el Metro de Caracas. Aguilera era el accionista principal de una empresa llamada Tecno tren, la cual fue la “asesora” que facilitó el contrato. 

Ver: 

Cualquiera podrá darse cuenta de que estos acólitos son apenas personas interpuestas de los jefes. Un guardaespaldas no facilita un contrato de $1850 millones ni nadie que se llame Nervis puede tener autoridad para otorgar contratos de la magnitud del arriba mencionado. Si se jalan estas cabuyas se viene todo el rollo.

Nos preguntamos: si esta gentuza de segunda línea burocrática tiene esos inmensos depósitos en el exterior, que no tendrán los de primera línea? Los Ramírez, Nóbrega, Merentes, Cabello, los familiares del difunto, los ministros, los legisladores y burócratas y contratistas del entorno inmediato de Chávez y de Maduro. 

¿Como es posible que esta gentuza tenga 16 años en el poder, engañando de manera impune a un pueblo masoquista que sigue creyendo en ellos? 

Poner las instituciones de rodillas: el Tribunal Supremo de justicia y sus castrati; la Asamblea nacional; el CNE; el Poder Moral; el Alto Mando Militar, todo convertido en una pocilga moral de incalculables proporciones? La fuerza del dinero.

De que estamos hechos los venezolanos que hemos permitido que esto suceda? Y, en términos más generales, de que están hechos los líderes políticos latinoamericanos, quienes han sido cómplices de esta inmensa tragedia moral y material venezolana? Los Insulza, los Samper, Santos, Mujica, Bachelet? Y otros quienes son miembros activos de la pandilla que se ha repartido el dinero petrolero venezolano: Ortega, Morales, Kirchner, Correa y los hermanos Castro, parásitos miserables que le han chupado miles de millones de dólares a la nación venezolana, dinero que no volverá jamás.

Los cínicos líderes, reunidos en UNASUR, hasta han decidido recientemente comenzar a enviar comida y papel tualé a Venezuela, un acto de falsa misericordia para el pueblo que sufre de una humillante variante de la Estanflación, la cual consiste en pasar hambre con los fundillos sucios.

Y a esto, el país decente responde de manera desconcertante. Daniel Ceballos, preso ya hace casi un año, dice: “Lo que abrigo no es rencor, sino esperanza, progreso y futuro: Yo perdono hoy a quienes nos torturan; ¡la Venezuela que viene no es de venganza alguna y sí de perdón y encuentro”. 

Admiro lo que dice el joven Ceballos y no soy tan civilizado como él, pero en mi corazón, a pesar de estar en libertad y lejos del horror cotidiano venezolano, no hay perdón, no hay reconciliación. Hay sed de justicia. 

He sido educado para un mundo donde la justicia prevalece, donde los buenos siempre triunfan. No puedo ceder estos principios y valores esenciales porque entonces lo he perdido todo. Sé que transito una delgada línea entre el deseo de justicia y la venganza. Pero creo que muchos venezolanos de hoy están ante el mismo dilema. 

No es el dilema de un venezolano violento, sino el dilema de un venezolano que se formó para vivir en una Venezuela que ha sido destruida casi completamente por la gentuza “revolucionaria”. Por eso, con ellos no puede existir diálogo ni reconciliación posible, so pena de bajar banderas que nos son indispensables para seguir siendo quienes somos. 

He visto que la figura de Mandela es frecuentemente citada como ejemplo de quien supo perdonar en aras de lograr un mejor futuro para su pueblo. Quienes lo hacen tergiversan la historia, ya que Mandela nunca transigió con el régimen de apartheid hasta que ese régimen se vio obligado a liberarlo y él pudo acceder a la presidencia. Entonces, solo entonces, fue magnánimo. 

No es posible ser magnánimo desde una posición de debilidad, solo se puede ser magnánimo desde una posición de fuerza. Y esto es lo que mis compatriotas quienes abogan por el diálogo con la gentuza no logran comprender. A esa gentuza hay que derrotarla primero para, luego, dependiendo de cada caso individual, ser magnánimos. 

La responsabilidad de un Cabello o de un Maduro no dan pie para la magnanimidad. Hay no menos de 400 bandidos quienes no merecen perdón ni gesto alguno de reconciliación. Podrá Chaderton ser diplomático de una nueva Venezuela? O Alfredo Toro o Iván Rincón? Podrán Darío Vivas o Pedro Carreño optar por escaños en un futuro Congreso Nacional? Podrá Giordani ofrecer su experiencia a la nueva Venezuela? Qué valor aportarían Del Pino o Coronado o Jesús Luongo a la nueva industria petrolera nacional? Será Ramírez apenas condenado a tres meses de labor comunitaria por sus pequeños pecados?

Si acaso los queremos tener de regreso en poco tiempo, perdonémoslos. CAP permitió a Chávez dar su golpe, a pesar de las advertencias que le hicieron, porque no podía creer en militares golpistas. 

Caldera y los demócratas de la época, impulsados por el amiguismo político venezolano, que en realidad es complicidad, liberaron a Chávez y ello causó muertes y pavorosa tragedia. 

Hacer borrón y cuenta nueva ahora es invitar una repetición de la tragicomedia “revolucionaria”.

Peor aún, es quitarle todo significado a los gestos de honestidad y de sacrificio que han hecho muchos venezolanos que se han enfrentado al régimen.

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